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Editorial
Se veía venir
Es indudable
que en un país que se caracterice por la plena vigencia del sistema
democrático los partidos políticos juegan un rol extremadamente
vital. A pesar de las falencias que la democracia venezolana presenta en
las actuales circunstancias, no se puede desdeñar el aporte que a
la débil institucionalidad y gobernabilidad pudieran estar realizando
las diversas organizaciones políticas de cada una de las tendencias
ideológicas que, afortunadamente, permanecen conviviendo en este
atropellado país. En el devenir reciente de la historia política
nacional unos partidos han renacido; otros han surgido sobre las cenizas
de otros pero con características muy parecidas a los extintos; otros
sencillamente han decidido girar de timón y cambiar radicalmente
su norte partidista y de militancia. Sin embargo, en esa dinámica
existen agrupaciones partidistas que parecen no entender los desafíos
actuales de la política actual. Tal vez uno de esos vetustos partidos
sea el otrora glorioso Acción Democrática. Por lo menos, en
Apure acaban de demostrar que sus participaciones dentro del concierto electoral
obedecen más a la manutención de intereses particulares (muy
imbuidos de lo económico) que al servicio de la gente y las comunidades.
Dentro del contexto nacional la organización blanca no ha sobrepasado
en los últimos eventos electorales los 200 mil votos. Fiel reflejo
de esa situación patética se vive en nuestro estado cuando
en los últimos comicios superaron escasamente los 6 mil sufragios
a su favor. Y luego desaparecen de la escena casi de inmediato. Sin embargo,
los dirigentes adecos, porque en esto queremos salvar la militancia del
partido, siguen pensando y actuando como si fueran la gran maquinaria. Pero
lo que es peor aún. Desacreditan el trabajo y la dedicación
al arte de la política, con todas sus fallas, que han venido acometiendo
movimientos políticos como un Nuevo Tiempo, Primero Justicia, Movimiento
al Socialismo y hasta la misma tolda verde COPEI. Los dos primeros se vienen
identificando por la movilización de números ingentes de votantes.
Los dos últimos se han venido distinguiendo por propuestas programáticas
que desde la oposición se plantean para recuperar la gobernabilidad
en el país. En ambos casos, los esfuerzos se pueden complementar
y unificar esos modos de proceder para presentarle a la comunidad nacional
una alternativa distinta a la que impera desde el oficialismo. Esto sin
hacer mención de la dinámica activa que llevan en varias regiones
los partidos locales. Pero en Acción Democrática aparentemente
prevalecen otros motivos. No subyacen en sus acciones y en sus actitudes
los objetivos de una pugna política sana y constructiva. AD fue la
única organización que no suscribió el acuerdo del
23 de enero. Quizás por esto se ha dado el lujo de darle una patada
a la lámpara en la entidad apureña. Dicen que el caso se presentó
por descuido y por una exagerada confianza de los líderes regionales.
Sin embargo, se veía venir ese proceder de los adecos. Sobreviven
a expensas de perjudicar hasta sus propios vecinos. Y paradójicamente
esto beneficia al oficialismo regional. En ocasiones por vía indirecta.
Pero en otras muchas por influencia directa. Resultados que se verán
traslucidos un día después de las elecciones porque con esta
fractura opositora y con las negociaciones ocultas en la casa blanca de
la avenida Táchira las páginas políticas de Apure se
volverán a pintar de rojo. Y muchos se irán a llorar a las
sabanas del Capanaparo.