Mensajes sin destino / Pedro Pablo Olivares

BOLIVAR nuestro libertador, después de 225 años de haber nacido –se cumplieron ayer-, continúa siendo “el hombre de las dificultades”. Ahora no solo es su lugar de nacimiento el que enfrenta distintas posiciones (Caracas, Capaya, San Mateo), sino que se pone en entredicho que haya muerto de tuberculosis en el humilde catre que nos muestran a turistas y visitantes allá en la vieja quinta de San Pedro Alejandrino (Santa Marta-Colombia). Jorge Mier Hoffman –historiador, escritor- en declaraciones que recoge Eliana Rondón (VEA: 11-07-08, p. 44), habló del bautizo de su obra La Carta (libro 1), donde según sus propias palabras, hace sorprendentes aportes que dislocan toda la historia que se conoce acerca de los últimos siete meses de la vida de Bolívar. Afirma que “con este libro ya Bolívar no solamente es el Libertador ni tampoco el Padre de la Patria, sino que ahora es un mártir de un proceso revolucionario; no es un Bolívar que murió enfermo, ni fracasado, sino un Bolívar que fue silenciado con la bala del imperio”. Califica de falsa toda la documentación divulgada de los últimos meses de vida del Libertador, como el testamento y la última proclama, ya que fue escrita solamente por dos personas: el coronel Joaquín Posada Gutiérrez y el médico Alejandro Próspero Reverend. Habla de personajes que la historia ha reivindicado como fieles a Bolívar; y no lo fueron, citando el caso del doctor José María Vargas que formaría parte de la conspiración. Expresa igualmente que según sus investigaciones, Simón Bolívar “fue arrestado y llevado a Santa Marta en calidad de prisionero; y el seis de diciembre Bolívar no llega a la quinta San Pedro Alejandrino como todo el mundo supone, es llevado a otro lugar; él sabía que sería asesinado y pide una última voluntad que es escribir una carta”.
Esa carta, a la que Mier Hoffman califica de “fantástica”, parece ser como la columna vertebral de su trabajo, de donde seguramente decidió titular al libro La Carta. Refiere que ese documento le fue entregado el año pasado por un pariente suyo, tataranieto de don Joaquín de Mier, el propietario de la quinta San Pedro Alejandrino en 1830. Comenta así mismo que para escribir la carta, Bolívar debió disponer de “treinta o cuarenta y cinco minutos, quizás menos, pero como masón él incluyó unos códigos secretos y unos signos que solamente pueden ser develados por alguien que los conozca”. Ahí se “señala quién lo mató, cuándo lo mató, dónde lo mataron y enterraron”. También afirma el autor que “nos han pintado un Bolívar muy elegante, con esos uniformes de lujo, llenos de medallas, muy afrancesado en su estilo… Bolívar no era así”. Y acota como contraparte, que en el libro “tendrán como primicia el verdadero rostro de Bolívar, con chiva, barba y pelo largo” ¿Qué les parece?
La Carta (libro 1), según se desprende de estas declaraciones, está ya a la venta en las librerías y debió haberse bautizado este 14 de julio en el Círculo Militar en Caracas. El libro 2 que es la continuación, se anuncia para dentro de tres meses, debido a la amplia información y los muchos documentos que hay que trabajar. Finalmente manifiesta Hoffman, que con el libro el lector debe asumir el rol de investigador, porque no se trata de imponer su visión, sino de presentar las evidencias para que cada quien saque sus propias conclusiones.
TODAVIA conservamos gratos recuerdos de los actos de solidaridad con el pueblo de Nicaragua, que en la década de los ochenta del siglo pasado realizamos en nuestra capital, en momentos en que el imperio norteamericano y sus peones atacaban con furia a la joven y triunfante revolución sandinista. Ésta se había apoderado del gobierno el 19 de julio de 1979, cuando mediante una amplia ofensiva militar hizo huir del país al dictador Anastasio Somoza. El pasado sábado se cumplieron 29 años de aquel acontecimiento, lo que motivó una masiva concentración de los nicaragüenses que en la plaza La Fe de Managua, para celebrar con mucha alegría y esperanza este aniversario; ahora nuevamente con los sandinistas en el gobierno y en compañía de su líder Daniel Ortega, el presidente venezolano Hugo Chávez, el de Honduras Manuel Zelaya, el presidente electo de Paraguay Fernando Lugo y el Vicepresidente de la República de Guatemala. Todos saludaron con palabras de admiración a ese pueblo heroico, que tantas esperanzas nos transmitió en aquellos tiempos, cuando aquí vivíamos entrampados bajo el maleficio de la democracia puntofijista. Pero sin duda que las palabras del comandante Ortega, en lo que se refiere al fondo y a la firmeza del sentir revolucionario, marcaron la diferencia. No tuvo empacho el sandinista mayor, para llamar “hermanos” a los guerrilleros de las FARC, ofrecerles todos los servicios que estuvieran a su alcance para la consecución de la paz en Colombia y afirmar que para hacerlo no tenía que solicitarle permiso a nadie. Es la solidaridad franca y sin mediatintas que ofrece alguien, agradecido por la solidaridad franca que también han recibido de los pueblos.
CUANDO veíamos en la televisión la euforia del pueblo libanés, por el intercambio logrado con el gobierno de Israel -2 muertos israelíes por 190 muertos y 5 presos árabes-, no entendíamos nada. Claro, en estos casos lo cuantitativo opaca a lo cualitativo. No conseguíamos las razones para celebrar el recibimiento de tantos ataúdes juntos. Pero cuando analizamos en frío el acontecimiento, nos dimos cuenta que Hezbollah había obligado a Israel a entregarle 190 de sus muertos más 5 prisioneros, por tan solo los cadáveres de 2 soldados israelíes caídos en territorio del Líbano; con lo cual queda delatado ante el mundo, quiénes son los verdaderos terroristas en el Medio Oriente y quiénes son los que matan más gente en esa zona.
HASTA los próximos mensajes.







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